DIFERENCIA ENTRE LA LEY y LA GRACIA

14 Dec 11 - 12:20


Escrito por Pastor Efraim Valverde Sr.
 
 
"Porque la Ley por Moisés fue dada: más la gracia y la verdad por Jesucristo fue hecha" (Jn. 1:17). 

Cito esta declaración de Juan apóstol para enfatizar un hecho innegable y éste es, que nunca sería posible el disertar sobre la Gracia de Dios (hecha por nuestro Señor Jesucristo mismo, para alcanzar también a los gentiles), sin mencionar la Ley de Dios dada por Moisés al pueblo de Israel. La una y la otra están en tal forma tan entrelazadas, por la voluntad del eterno, que una sin la otra realmente no podrían existir. Para comprobar esta declaración todo lo que tengo que decir es que cualquiera de nosotros, entre los cristianos gentiles, al tratar de aceptar solamente el nuevo testamento, rechazando el antiguo, se va a encontrar en la absurda situación como la de un horticultor que quisiere tener un árbol sin tronco. 

Fíjate bien, mi estimado hermano lector, que lo antes dicho aplica a nosotros. A aquellos que siendo acebuches, hemos sido, solamente por la maravillosa gracia de Dios, ingeridos en lugar de ellas (o sea de las ramas naturales que por amor a nosotros han sido quebradas), y hemos sido (ahora) ‘participantes de la raíz y de la grosura de la oliva (Rom. 11:17). A aquellos que en el tiempo pasado no éramos pueblo de Dios (1 Ped. 2:10). Para los que en aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la república de Israel, y extranjeros a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo (Ef. 2:12). 

Este estudio, por lo tanto, es exclusivamente para nosotros los cristianos gentiles. Para el pueblo judío es otro el razonamiento, el cual por cierto es necesario también que lo entendamos nosotros, para que no seamos desviados (solicite el libro, ¿Quiénes son Israelitas?, por las interpretaciones erróneas de las fuertes corrientes del espíritu del antisemitismo. La Gracia no fue dada primero, sino la Ley. Pues la Ley fue puesta por causa de las rebeliones, hasta que viniese la simiente (Cristo) a quien fue hecha la promesa (Ga. 3:19). Las rebeliones ¿de quién? del pueblo del libro, de Israel, del pueblo judío. Al pueblo que precisamente le fue dada la Ley. Nosotros los gentiles, ¿qué sabíamos antes de la Ley de Moisés? ¿Qué obligación o qué compromiso teníamos siendo paganos? Ninguna. De Manera que el que se rebela contra la Ley es por cierto aquel que sabe la Ley. Por eso es que Pablo apóstol, hablando de él mismo y de los demás cristianos judíos de su tiempo (como también aquellos que en este tiempo creyeren y recibieren la Gracia por medio de Jesucristo el Señor), dice que ellos estaban guardados bajo la Ley, encerrados para aquella fe que había de ser descubierta. Y luego agrega diciendo de ellos: “De manera que la Ley nuestro ayo fue para llevarnos a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe en la gracia de Dios” (Ga. 3:23-24). Pero allí está precisamente la maravillosa conexión que el Eterno en Su amor y misericordia infinita quiso hacer, pues al traer la bendición de la gracia para Su pueblo Israel trajo también la bendición para los perrillos (Mt. 15:22)-28). Esto lo hizo de acu¬erdo con las profecías de los antiguos profetas de Israel, confirmadas por Simeón, quien dijo a la hora de presentar al niño Jesús en el templo: “Luz para ser revelada a los gentiles, y a la gloria de tu pueblo Israel” (Lc. 2:32). 

Por eso es que al mencionar antes de la ilustración del árbol sin tronco, señalo que la parte del pueblo Judío tiene una diferente explicación. Pues los que entre ellos no han creído aun en el Señor Jesús como el Mesías de Israel hasta el presente día, aceptan solamente lo que nosotros conocemos como el Antiguo Testamento, y por causa de ese endurecimiento en parte (Ro. 11:25), ellos están en su parte, en lo correcto. Pues los sentidos de ellos se embotaron, porque hasta el día de hoy les queda el mismo velo no descubierto en la lección del Antiguo Testamento, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día hoy, “Cuando Moisés es leído, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Más cuando se convierten al Señor, el velo se quitará” (2 Co. 3:14-16). La innegable verdad escritural es que “cuando haya entrado la plenitud de los Gentiles, luego todo Israel será salvo” (Ro. 11:25-26). Cuando vean al Señor Jesús en su Gloria, venir a Sión, entonces ellos también recibirán la Gracia de Dios que les ha sido prometida antes que a nosotros, y aceptarán al Señor Jesús de acuerdo con lo dicho por Simeón: Como la gloria de Su pueblo Israel. Entonces el mensaje de la Gracia de Dios tendrá para ellos el valor y el reconocimiento que, por revelación de Cristo, Jesús el Señor, tiene ya para nosotros por el Nuevo Testamento. Entonces se postrarán cual el incrédulo Tomás delante del Señor Jesús y le dirán: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28). 

La tremenda e innegable verdad es que no ha desechado a Su pueblo (Ro. 11:1-2), ni ha permitido que dejen de existir de acuerdo a lo que Él mismo prometió por boca de Sus profetas desde la antigüedad (Jer. 31:35-37). El estar áun ellos en incredulidad, (con respecto al Señor Jesús, ciertamente, más no a la Ley de Dios que a ellos les fue dada), ha sido precisamente porque Dios “encerró a todos (ellos) en incredulidad para tener misericordia de todos” (nosotros) (Ro. 11:32). Así que estando Israel y el pueblo Judío en pie, la Ley sigue en vigor con ellos mientras llega el tiempo en que la Gracia prometida los abarque. Y el hecho de que esté hasta hoy la Ley de Moisés en vigor entre ellos debe de ser para nosotros una satisfacción y un respaldo muy grade, pues el tronco del árbol (Israel), sostiene a las ramas, las hojas, las flores y el fruto, que es ahora lo que el Señor llama, Su Iglesia (Mt. 16:18). Pues el mismo Señor declaró diciendo que “la salvación viene de los judíos” (Jn. 4:22). 

Nosotros los cristianos entre los gentiles no tenemos ningunas ordenanzas ritualísticas, ni obligación de cumplir con la multitud de leyes ceremoniales y diferentes festividades ordenadas por Dios a Israel por medio de Moisés. Más el estar el pueblo judío guardándolas y celebrándolas hoy delante del mundo entero, nos da a nosotros los cristianos gentiles, la inconmovible prueba, confirmación y seguridad, de que el Libro Santo que tenemos en nuestras manos no es solamente una interesante obra literaria, ni solamente una novela, sino el Libro de Dios, el libro de vida. Pues por medio de este libro (la Santa Bíblia), habiendo nosotros estado muertos en nuestros delitos y pecados, nos ha dado ahora Dios vida eterna por Su Gracia. Porque el Dios de Israel, que es Jesucristo el Señor, es el mismo Salvador de que nos hablan tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento. 

Dios os bendiga y abra vuestro entendimiento a Su Palabra. Amén
 
 

 

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